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EL RESURGIR DE LAS CENIZAS: EL BIG BEN

Una mañana de 1834 Londres se despertaba entre las últimas ascuas de lo que durante veinte años había sido el Palacio de Westminster. El incendio devoró prácticamente todo el edificio y los arquitectos Charles Barry y Augustus Pugin fueron los encargados de devolver el esplendor a una de las edificaciones más simbólicas del mundo.

 Tras 16 años de construcción, la torre que alberga el reloj más famoso del mundo esta terminada y lista para otear las orillas del Támesis y la zona centro de la capital inglesa. Pero su levantamiento también supuso la muerte y el trastorno mental de las dos personas que más se habían implicado en el proyecto. Charles Barry murió por agotamiento poco después de concluir el proyecto y Augustus Pugin fue internado el resto de sus días en un psiquiátrico.

Pese al crítico final de ambos arquitectos, su obra no deja de maravillar a los miles de turistas y viandantes que pasean por las cercanías de las Casas del Parlamento y la Abadía de Westminster. Tanto las Casas del Parlamento como el Big Ben pertenecen a la misma reconstrucción después del incendio por lo que no es tan antigua como aparenta ser (pertenece a la misma época, por ejemplo, que el Palacio de las Cortes de Madrid). Aún así ambos arquitectos, con Barry a la cabeza del Palacio y Pugi en lo que se refería al reloj, decidieron dar un aspecto medieval al edificio para que encajase con el estilo de la Abadía de Westminster.

Por lo tanto, podemos decir que es neogótico. El cuerpo en el que se sustenta el reloj es de 61 metros y el ladrillo está revestido de piedra caliza color ocre y en los días soleados sus reflejos recuerdan a la arquitectura reinante en ciudades como Venecia. La parte de arriba que alberga el reloj y la cubierta, miden 35 metros. Todo ello descansa sobre una base de hormigón de 15 metros de lado y 3 de espesor, colocada a 4 metros por debajo del nivel del suelo.  A pesar de las precauciones que se tuvieron en los cimientos la torre se inclina cada año 220mm hacia e noroeste.

Solo se puede visitar el interior si se tiene la nacionalidad británica y con cita previa, que en épocas estivales la espera puede ser de meses. Aún así, desde dentro o desde fuera, merece la pena admirar esta obra constructiva reflejo del glorioso Imperio Victoriano y símbolo de una de las ciudades más efervescentes en lo que a vida y arquitectura se refiere.

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