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LA CURVATURA DEL TITANIO: MUSEO GUGGENHEIM DE BILBAO

MUSEO GUGENHEIM bilbao foto Jacobo Gordon

En 1997 se inauguraba uno de los museos más llamativos de los últimos años, en lo que arquitectura se refiere, en nuestro país. El Guggenheim comenzaba así su trayectoria convirtiéndose en uno de los elementos identificativos de la ciudad de Bilbao, como pueden ser el Big Ben de Londres o el Empire State de Nueva York.
A las orillas de la ría de Bilbao, concretamente en el área de Abandoibarra, se levanta la estructura ondulante, provocativa y para los sentidos etérea, construcción de Frank O. Gehry.
Se trata de uno de los edificios con más características deconstructivas de las últimas dos décadas. La estructura principal en la que se sostienen las placas onduladas de acero y titanio, está esculpida y se consiguió evitar cualquier centímetro de superficie plana de la fachada, que por otro lado, el visitante puede rodear por completo.

Otro de los elementos a destacar de este complejo es el puente alzado que cruza la fachada, contribuyendo a la sensación anárquica y al mismo tiempo de movimiento. Junto a esto, es importante destacar que en el exterior, además de las placas onduladas de titanio, también se pueden encontrar otros materiales como una clase de piedra caliza complicada de encontrar (Sevilla fue el lugar en donde se extrajo) o cortinas de cristal.
Dependiendo de la perspectiva en la que se contemple el museo puede dar la sensación de estar frente a una embarcación o una flor. Por un lado, desde la orilla del río las formas recuerdan a un barco, homenaje así a la tradición naval de Bilbao. Por otro, si se observa la planta desde arriba, las ondulaciones aportan características de una flor. Para conseguir este efecto, el equipo de arquitectos de Gehry necesitó durante meses ensayar distintas simulaciones por ordenador para conseguir hacer realidad esta estructura.
Su superficie total es de 24.000 m2 y de estos, 11.000 m2 está reservados a exposiciones, repartidas en 19 salas. Su coste aproximado fue de 133.000 millones de euros, en lo que respecta a la parte que le correspondía a la Administración Pública.
Se trata de una visita obligada no solo para los amantes del arte o de la arquitectura, sino para cualquiera que esté interesado en disfrutar de cómo el ser humano puede ser capaz de transformar los elementos, como puede ser el caso del titanio y conseguir la máxima curvatura del mismo.

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