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Oratorio del Caballero de Gracia

Las placas que se ven en la fachada norte del Real Oratorio de Caballero de Gracia dan fe del autor y la fecha de la reforma que sirvió para construir esta parte, tras abrir un tramo de la calle.

A poco de iniciarse el paseo por la Gran Vía, desde la calle de Alcalá, se encuentra uno con un edificio de fachada singular, que se distingue sobre todos los demás. Es único en muchos aspectos. Sobre todo, por su uso: es un lugar de oración, una iglesia, que la apertura de la Gran Vía cercenó en parte pero también dotó de una nueva fachada hacia el norte, que posteriores reformas arquitectónicas han «abierto» parcialmente a los ciudadanos.
De hecho, cuando nació esa fachada norte no estaba como ahora: daba a la calle de San Miguel, una de las desaparecidas durante el proceso de apertura de la Gran Vía. Entonces fueron sacrificadas la sacristía, la sala de juntas y las viviendas de los sacerdotes. Y a su lado, también cayó bajo la piqueta el colegio de las niñas de Leganés, un centro «para niñas pobres y hermosas, que en la época se consideraban las más expuestas a perder la virtud», según las crónicas de la época.
Con la Gran Vía, se le abrió al oratorio la fachada norte, diseñada por el arquitecto Carlos de Luque -1911-1916-, y que posteriormente (1989-1991) se rehizo de la mano del arquitecto Javier Feduchi, para integrarla mejor en el conjunto: se derribó el cuerpo central, y fue construido en su lugar una especie de gran arco de triunfo que permite ver parte del ábside desde la calle.
El Oratorio, convertido así en única iglesia con puerta a la Gran Vía, es una bella pieza de arquitectura, construida en 1654 por iniciativa de la congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, fundada por el sacerdote italiano Jacobo Gratij, conocido como el Caballero de Gracia. La Asociación Eucarística del Caballero de Gracia -que en 2009 cumplió 400 años- ya mandó, a mediados del siglo XVII, rehabilitar el edificio, que entonces estaba arruinado, y puso su futuro en manos de Juan de Villanueva, que realizó obras en el mismo entre 1786 y 1795.
Basílica
Dicen los expertos que el arquitecto quiso hacer el Oratorio a modo de una pequeña basílica. Dentro conserva piezas de gran valor, como los frescos de la cúpula, de Zacarías González Velázquez; las vidrieras de Maumejean, y un bellísimo Cristo de la Agonía, de Juan Sánchez Barba.
Precisamente a este templo acudía, cuando era estudiante de Arquitectura en Madrid, un vecino de la zona que ha llegado a santo: Fray María Rafael Arnáiz Barón, canonizado por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.
Oratorio del Caballero de Gracia

JAIME GARCÍA – SARA MEDIALDEA | ABC, MADRID Domingo, 07-02-10

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